lunes, 26 de mayo de 2014

Que no lo digo yo, que lo dice una amiga.

Creo que me estoy desenamorando de ti, porque ya sólo me acuerdo de los momentos buenos que me diste. Que te recuerdo durante 27 horas al día, sí, pero sólo lo bueno. Espera. Qué idiota. No sé por qué me acuerdo tanto de ti. Si tú no lo haces. Si tú ya bebes los vientos, y lo que no son los vientos, por otra. Da igual, tú dame, como diría Sabina, 19 días y 500 noches. Y como nueva.

No, no. Creo que me estoy desenamorando. Porque a ratos recuerdo el por qué te odio tanto. Y porque sé que tú y yo nunca fuimos ni seremos un nosotros. Fuimos las piezas perfectas en un puzzle desencajado, que se encajaron bien hasta que el superglú dejó de funcionar. Ya sé por qué te odio tanto. Y como diría don Ismael, odio tanto odiarte…

Quizás aún queden ascuas en esta candela de mierda que un día decidimos avivar. Tranquilo, sé que sólo en este lado del campo, que en tu área ya juegas incluso a otro deporte. Pero sí, creo que aún calienta algo. Y todo se me va a la garganta cada vez que te veo. Lo otro directamente está ya quemado.

Sí, lo admito. Esto aún calienta. ¿Y sabes? Siempre calentará. Porque aunque yo haya sido la mayor (inserte aquí su peor adjetivo despectivo) te he querido como a nadie en este mundo y me has hecho ser la mujer más feliz del planeta. Y no, a mí no se me va a olvidar en mi puñetera vida. O al menos no en un intervalo de 24-48 horas. Tengo síndrome de Diógenes, sobre todo de recuerdos. Pero tranquilo, "Seré sin que sepas de mí", que susurraba Manolo.

¿Suena a despecho, a reproche? Nada más lejos de la realidad. La vida nos tiene preparado algo mejor. Yo soy una hija de puta demasiado genial para conformarme con nada. Y tú… Tú te mereces lo mejor, más que me pese. Y ni tú eres mi mejor ni yo soy tu mejor. 




Uy, perdón, que todo esto lo dice una amiga. Que yo no sé ni de qué está hablando. Uy, pobre. Qué despechá está la jodía...


domingo, 20 de abril de 2014

#Microcuento




Te echo de menos.


Tanto.


Como antes te echaba de más.


Te quiero.


Muchísimo.


Como antes no supe ver.


#Microcuento



martes, 15 de abril de 2014

Puntos cardinales




Probé el sabor del sur, cuando aún estaba 
cuerda y sabía dónde estaba mi norte. Disfruté
 del olor del norte, sabiendo que mi centro,
 mi vida, estaba al sur. Y cuando más me 
buscaba, encontré mi norte en el centro. En
 ese centro donde, con esperanza, aguardo a
 que el destino me lleve al norte del sur, o
 al norte del norte, o allí donde alguien
 consiga hacerme perder el norte mirando al 
sur.




martes, 1 de abril de 2014

Elegir es perder

Es un martes cualquiera. Son las 22.50 de un día cualquiera en una ciudad cualquiera de Castilla y León. No es un día feliz. No lo es. Y hay 380 motivos para demostrar tal hecho.

Suena la lluvia golpeando el cristal de la ventana. El viento azota. Y no sólo en la calle. Aquí dentro también. Incluso ahí, ahí dentro.

Aunque escogida, la soledad se hace dura. Dejar tu casa, tu familia y todo lo que te ha pertenecido durante 25 años, es complicado.

Esta chica cualquiera en una ciudad cualquiera tiene todo lo que siempre soñó: un trabajo que le gusta, una familia y unos amigos que la apoyan y la tan ansiada independencia.

Pero todos los caminos tienen piedras que hacen que te duelan los pies y que incluso te tropieces. En el mejor de los casos, hay alguien que va a tu lado y te sostiene. Pero el daño ya te lo has hecho igualmente.

Toda decisión tiene su coste de oportunidad. Decidirte siempre llevará consigo una equivocación. Y esa chica cualquiera en una ciudad cualquiera, eligió arriesgar y perder al mismo tiempo.

El partido aún no ha acabado, pero el señor colegiado está poniendo muy cara la victoria. Dejar a tus mejores jugadores en el banquillo y querer ganar el encuentro se antoja imposible.


Elegir es perder.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Queridos Reyes Magos


Os escribo casi un mes antes para que no os pille el toro, como siempre os pasa.

Primero quiero daros las gracias. El año pasado os portasteis genial. Al 2013 no le puedo pedir más, la verdad. Mis padres y mi hermano están bien, mis cuatro abuelos gozan de salud, tengo un novio estupendo, mis amigos siguen siendo la leche y en casa estamos sobrellevando la crisis sin demasiadas penurias.

Yo, para devolvéroslo, he sido buena. Me he portado bien. He hecho caso a mis padres y no me he enfadado demasiado con mi hermano. He intentado cumplir con todas mis obligaciones de forma medianamente correcta y, por supuesto, sin quejarme demasiado.

Pero ahora empieza un año nuevo. Vuelve el 6 de enero. Y, cómo no, deseos nuevos.

Si me preguntara alguien qué quiero por Navidad con dos cervezas encima, lo tendría claro. “Un Mini, un loft en pleno centro de Bilbao y un máster.  Y si te sobra algo suelto, un día entero de compras.”

Pero seré realista, poco vanidosa y “conformista”. Sólo os pido una cosa. Es fácil de entender, aunque quizás complicado de comprar.

Queridos Reyes Magos: QUIERO UN TRABAJO.

Quiero un puesto de trabajo que me haga sentirme útil en esta sociedad. Quiero dejar de ser de la generación perdida, de la que no tiene oportunidades, de la que no puede porque no la dejan. Quiero aportar y poder asegurarle una jubilación decente a mis padres. Quiero colaborar para que este país salga a flote. Quiero cotizar y mantener este, cada día menos, Estado del Bienestar. Quiero ser productiva. Queridos Reyes Magos, quiero trabajar.

Sin más, me despido esperando vuestras noticias. Os dejo mi zapato bajo el árbol, como siempre.

¡Buen viaje!


Ana.

lunes, 18 de noviembre de 2013

180°

Se conocieron cuando la pubertad todavía estaba haciendo acto de presencia. Él lucía melena, recogida siempre en una coleta. Ella siempre pelo corto. Y suelto. Compartían clase. Un año uno tras el otro. Era divertido. Fue un año divertido. Aunque ella siempre hizo más ‘migas’ con el otro compañero, a él siempre le encontró su punto. Ese punto que sólo encontramos las mujeres y que nunca sabemos bien cómo definir.

A él le interesaba la música. A ella el fútbol. Él era más de clase de Informática. Ella disfrutaba en Inglés. El Norte y el Sur. El yin y el yang posiblemente.

Aquel año se terminó. Adiós al instituto. Con fortuna, posteriormente coincidieron en la misma ciudad. Pero no lo valoraron. Eran unos simples colegas que se saludaban cuando se cruzaban. Les gustaba echar un rato siempre, pero breve y casi insulso. Un ‘Hola, ¿cómo te va? Te veo poco por aquí…” y poco más.

Los años pasaron. Ambos hicieron sus vidas ajenos a lo que les vendría después. Él disfrutó al lado de una chica. Ella hizo lo que pudo sin demasiada suerte en este juego. Y, probablemente, cuando ninguno de los dos buscaba seria fortuna, se volvieron a cruzar una noche. Los planetas se alinearon, o el karma les estaba esperando, o vete tú a saber. Aquella madrugada cruzaron no una, ni dos, ni tres palabras. Se les notaba cómodos. Aquella noche ambos sabían que volverían a encontrarse.

Y sucedió. Un examen de inglés como excusa, una cerveza pendiente y, definitivamente, un ‘¿Quedamos esta noche?’. 

Se saltaron ese tonteo que toda pareja tiene al principio. Ese momento de indecisión e inseguridad. Había reciprocidad. Y se notaba a kilómetros. Nunca se escondieron. Para qué.

Y hasta hoy.

Quizás sigan siendo ese yin y ese yang. Muy diferentes. Caracteres a 180°. Polos totalmente opuestos. Pero algo tienen en común. Las ganas que tienen el uno del otro.


Y que les dure.

lunes, 28 de octubre de 2013

¿Quién me va a decir a mí que soy un aficionado de Segunda?

Hoy es un día perfecto, como cualquier día, para rescatar del baúl algo que escribió mi hermano hace un tiempo. Mi hermano, mi maestro particular en las artes amatorias rojiblancas.

Aquí va...

Hola Athleticzales del mundo. Como soy nuevo en estos lares, me presento. Me llamo Rafa, tengo 28 años y os escribo desde un pueblecito al norte de la provincia de Córdoba. No, no dejéis de leer. Por favor. Os quiero contar mi historia. Gracias.



Hace poco alguien hizo que me sintiera muy mal. Alguien me dijo que yo, precisamente yo, era un aficionado de segunda. A mi pregunta de por qué, me respondieron que yo no había nacido en Euskadi. Bien. A mí, precisamente a mí. Os cuento.

Diez años. Esa era la edad que yo tenía la primera vez que vi en directo al Athletic. Esa semana yo iba a mi colegio, a los Salesianos, flotando por encima del suelo. Mis abuelos iban a llevarme a Sevilla. Iba a cumplir el sueño de mi vida. Julen, Carlos García, Garitano, Alkorta, cuco Ziganda, todos iban a estar en el verde del Pizjuán mientras yo, con mi bufanda y mi camiseta, me iba a desgañitar gritando ‘Athletic’ animando a los míos. Pues esa maldita semana me tuve que poner enfermo. Al médico. Principio de pulmonía. Según D. Carlos, mi médico, tratamiento y cama. No salir de casa. Conforme oía las palabras del señor de bata blanca, mis ojos empezaron a humedecerse. Pero no había problema. Mi madre me miró con cara cómplice y le dijo a D. Carlos: “póngame un tratamiento fuerte doctor, el niño tiene que hacer un viaje”. ¡Sí! Dos días después allí estaba yo. Mis abuelos habían obrado el milagro. Mi madre me vistió de tal forma con tal de que no cogiera frío, que sólo se me veían los ojos. Las fotos de aquel día así lo atestiguan. El Hotel Los Lebreros de Sevilla fue testigo de cómo un enano con camisa, jersey, abrigo y bufanda, veía por primera vez a sus ídolos. El gran Julen, el goleador Ziganda, el capitán, Genar Andrinua… todos estaban allí. Estaba temblando sólo de verlos. Y luego a Nervión. Yo temía a Maradona. No salió del círculo central. Que tío, no corría nada. Pero perdimos. 3-1. El nuestro lo metió el Cuco. Fueron 90 minutos gritando, saltando, mirando embelesado a once rojiblancos sobre un campo de fútbol. Soñando con empatar y con vestir yo algún día esa camiseta. El árbitro pitó el final y yo me subí a un Astra color granate para volver casi 300 kms. sobre nuestros pasos pensando que en San Mamés, a la semana siguiente, teníamos que sacar los tres puntos. Seguro. Teníamos que ganar.


De eso han pasado casi veinte años. Yo soy del Athletic desde que mi abuelo nació, frase que le robo a mi hermana. En mi familia, esto es algo que se transmite de generación en generación. No es una afición. Esto es una religión. Y como religión que es, no tiene fundamento lógico. Y no tienes que haber nacido en un sitio concreto para sentirla. Ojalá yo hubiera nacido en Bilbao y pudiera ir cada domingo a San Mamés. Ojalá. Pero no ha sido así. 917 kms separan mi casa de La Catedral. Y mi primera vez fue fantástica. Aún recuerdo ese escalofrío que me recorrió cuando, subiendo la calle Pozas con mi hermana y mi tío, vimos unas paredes blancas y un inmenso escudo del Athletic. Estábamos allí. Habíamos llegado a San Mamés. Diez horas de coche después, estábamos en aquel lugar soñado. Mi hermana no articulaba palabra, mi tío nos contaba antiguas experiencias vividas allí, y yo… yo no sé qué hacía.

En serio, ¿quién me dice a mí que soy un aficionado de segunda? A mí,  que me han escupido en el Bernabéu, me han insultado en el Pizjuán, me han escoltado hasta el coche en el Lopera, me han amenazado en La Rosaleda. A mí, que he gastado todos mis ahorros en ir hasta Bilbao a ver un partido, que me han tirado piedras el día del botellazo a Armando, que me he jugado el tipo yendo a escondidas a Vallecas para ver a mi Athletic en copa. A mí, que me he quedado tirado con mi hermana tras una nevada espantosa volviendo de Málaga. A mí, que grito cada gol de Toquero como si fuera mi vida en ello. A mí, que a mis 28 años aún sueño con marcar un gol a pase de Julen y que La Catedral se venga abajo. A mí, que siempre he tenido que dar explicaciones. ¿Del Bilbao?, me preguntaban. Del Athletic, respondía yo. Pues eso. A mí, ¿alguien me va a decir que yo
 
soy de segunda?  No, no es justo. El Athletic es tan grande que nadie te puede decir si estás o no estás. El Athletic es propiedad nuestra. De todos y cada uno de los que vibramos con un regate de Iker, con una galopada de Toquero, con un centro de Iraola, con un balón dividido ganado por Gurpe o con un remate a la red de Llorente. De todos y cada uno de los que metemos nuestra camiseta en cada maleta, en cada viaje. No nos dividamos nosotros. Que lo hagan otros. Nosotros somos el Athletic. Y, ¿por qué no? Los de Bilbao nacemos donde nos da la gana.


Eskerrik asko.

Rafa García