Tengo amor. Cuatro abuelos
maravillosos que, a su forma, me demuestran lo mucho que me quieren. Unos padres
que se desviven por mí y por mi hermano, el siguiente en cuestión. El mejor del
mundo y al que le debo todos los besos que no le he dado en estos últimos 27
años. Unos tíos que me tratan como una hija más. Unos primos más hermanos que
primos. Y, cómo no, el amor de unos amigos a los que habría tenido que inventar
si no existieran. jueves, 2 de junio de 2016
¡Despierta, joder!
Tengo amor. Cuatro abuelos
maravillosos que, a su forma, me demuestran lo mucho que me quieren. Unos padres
que se desviven por mí y por mi hermano, el siguiente en cuestión. El mejor del
mundo y al que le debo todos los besos que no le he dado en estos últimos 27
años. Unos tíos que me tratan como una hija más. Unos primos más hermanos que
primos. Y, cómo no, el amor de unos amigos a los que habría tenido que inventar
si no existieran. lunes, 28 de diciembre de 2015
2015. Con G (de genial)
Yo siempre fui de años impares. Nací en el 89, qué más decir. Así que cuando 2015 hizo aparición, le tuve grandes esperanzas. Y no, no ha defraudado.
2015 ha sido el año de las segundas oportunidades. Ha sido el año de enanos enormes. El año de la vuelta a los apuntes. El año del reencuentro con la ciudad de los califas. El año de volver a sentirse útil en una sociedad que lo pone francamente complicado.
2015 también ha sido el año del yo quiero, yo debo y, sobre todo, yo puedo. Se acabaron los lamentos, los prejuicios y los victimismos. Año de pelear por lo que se desea, disfrutando de lo que se posee.
También ha sido año de más sabores que sinsabores. Más alegrías que penas. Si ellos están bien, yo siempre estaré bien. Qué más pedir, si además tengo aún conmigo a esos cuatro regalos que deberían ser eternos.
2015 también se vistió más de rojiblanco que nunca. Año de mi primer título, de mi primera final ganada. Primera vez maravillosa. Aritz ya será eterno. Y, cómo no, año de mi mayor aventura con tintes athleticzales. La Peña es el fregao más divertido y más bonito en el que me he podido meter. Aún no sé cómo explicárselo a mi madre.
También fue año de entradas, de salidas y de permanencias a lo Vodafone. Llegó gente maravillosa, gente que está haciendo aún más si cabe que el 2015 adquiera el nivel superior. Gente que se fue, a la que agradezco el tiempo y, sobre todo, las enseñanzas. Y gente que muy afortunadamente aquí sigue, a mi lado, en la casa de enfrente o a miles de kilómetros. Pero aquí.
Y, por último, fue año de sueños conjuntos cumplidos, año de fijación de metas, año de superación de barreras. Ojalá 2015 sólo haya sido un aperitivo antes de un plato fuerte llamado 2016.
Obviaré el Mini y el ático en la Gran Vía bilbaína. Al 2016 le pediremos salud en cantidades industriales, que el trabajo nunca falte y, bueno, a ver, que me traiga un novio. Por mi abuela, hombre, que la tengo ya desesperaíta ;)
Lo dicho, seguiremos.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Apaga y vámonos
“¿En serio una tía como tú tiene complejos? Estarías con el que quisieras. Si quisieras.”
Y no quieres. Porque te repudias, te desquieres, te odias y no te escupes porque te mancharías esa falda tan bonita que te has comprado que-no-me-voy-a-poner-porque-qué-van-a-pensar-de-estas-piernas-morcillonas.
Seguro que todas tenéis a esa amiga guapa, delgada, simpática, culta… que pisa suelo besado y por besar. Yo también la tengo. Y es perfecta. No por lo de guapa y delgada, sino porque es divertida, una gran consejera, mejor conversadora y alguien que igual tienes “pa´ un roto que pa’ un descosío”. Pues no liga. O liga poco. Mi whatsapp erótico-festivo echa más humo. Y, ojo, sólo falla en algo (amor de amiga, pa’ gustos los colores) y es que ella no lo ve. No se lo ve. Le puede la inseguridad, los complejos (¿Los compleQUÉ?). Le falla la actitud. El ‘no soy capaz’, el ‘qué va a pensar’, el ‘deja, deja, que parece que soy tonta’, el ‘no quiero molestar’. Y ahí sigue, esperando a que el príncipe azul que no existe llame a su puerta. Y que abra la de la calle, la del rellano, la del piso y la de su habitación.
Ella es sólo un ejemplo de idiota como, posiblemente, la que está leyendo esto o la que lo está escribiendo.
Tu éxito, el éxito más allá de tus sábanas también, no depende de que seas rubia, de que midas 1,80 o de que tu báscula no supere los 50. Que no. Aquí lo importante es que tú sepas todo lo que vales y lo que le puedes aportar a cualquier persona de este mundo.
¡Ay el día en el que nos demos cuenta de que lo importante es la actitud! ¡Ay ese día!
Amiga, cambia el chip. Cambia el “no quiere porque no soy lo suficiente para él” al “él se lo pierde”.
Si tú te ves inferior a cualquiera, apaga y vámonos. Si tú no te crees lo maravillosa que eres, apaga y vámonos. Si has llegado a pensar que si tú fueras él, nunca te acostarías contigo misma, apaga y vámonos. Si crees que no mereces lo que tienes, apaga y vámonos. Si no ves la diosa que llevas dentro, apaga y vámonos.
El día que te des cuenta de que lo importante es la actitud, (¡ay, amiga!), ese día… Ese día enciende y vámonos a bailarnos la vida.