domingo, 27 de enero de 2013

¿Nos presentamos? Parte III


Me encanta la salsa César. Y los tostones. No me gustan los perros, pero tendré uno en un futuro. Se llamará Koi. Tengo vicios. Todos confesables. Soy abierta. Menos de lo que creía. Me gustan los retos. Soy comodona. Y divertida. Mi película favorita es El show de Truman. Me encanta bailar. Pero no me obligues. Así no me gustará hacer nada. Estudio ADE, pero me habría encantado ser periodista. Conocer mundo. Me gusta que me llamen Anita. Aunque sólo algunas personas. Sueño más despierta que dormida. Envidio a Susana Guasch. En mi foto favorita no salgo yo. El hombre de mi vida tiene novia. Posiblemente sea mi cuñada en un futuro. Soy rara. Me encantaría saber más sobre fotografía. Fácil de conocer. No soy republicana. Ni monárquica. Me encanta Tarifa. Nunca se me ha dado bien ligar. No me gusta que la gente se ande con rodeos. Ni con victimismos. Aunque yo sea la primera que lo haga. Me he prometido no cambiar nunca. No sabría qué llevarme a una isla desierta. Pero sí a quien. Me gusta que me hagan reír. Hacer reír. Las pipas con sabor Tijuana. Y las míticas esponjitas. No me gustan las películas de terror. Soy básica. Simple. Más cristiana que católica. No fumo. Lloré con la retirada de Julen. Prefiero una noche de cervezas a una de discotecas. Una tarde de fútbol a una tarde de café. Me sería difícil vivir sin móvil. Y sin conexión a internet. Bebo ron. Me encanta escribir. Mi mejor forma de desahogarme. No puedo ver imágenes de la temporada pasada. Soy llorona. Nada dura. Aunque me encanta aparentarlo. Puedo pasar de escuchar Extremoduro a Robbie Williams. El bus me inspira. Siempre echo una columna al azar en la quiniela. Si quieres planear mi cita ideal, incluye la playa por la noche. De pequeña miraba debajo de la cama antes de acostarme. Tengo peluche favorito. Se llama Frantxu. Y lo regalé. Fui a los salesianos. Y estaré eternamente agradecida. Me encantaría ser madre en un futuro. Y los nombres vascos. Atad cabos. Me encantó Londres. Nada como el producto nacional. Echo de menos a mucha gente. Y muchas cosas insignificantes a primera vista. Creo que el sexo no es imprescindible. Pero sí necesario. Soy de humor simple. Me encanta pasear escuchando música. Las tormentas desde la cama. La pasta con mucho orégano. He perdido a grandes personas en estos últimos años. Y he ganado a otras. Estoy a favor de la cirugía estética. Pero no de la pena de muerte. Quiero ser donante de órganos. Si tienes una sonrisa bonita, me has ganado. Me consideraba independiente y poco celosa hasta que me conocí. Porque no hay dos sin tres…

lunes, 17 de diciembre de 2012

A ti...


Y, casi sin darnos cuenta, estamos justo a una semana del inicio de la Navidad, de esa época en la que todos nos volvemos un poco menos malos, en la que se nos ablanda el músculo latente y en la que casi por arte de magia nos convertimos en osos amorosos.

Yo, amante de esta época odiosa, fría y sensiblona a partes iguales, quiero gastar unos minutos…

A ti, que sigues guardando sitio en mi agenda y sobre todo en mi cabeza a pesar del mucho tiempo sin hablar; a ti, a la que quiero y odio a partes iguales; a vosotros, con los que comparto algo más que sangre y apellidos; a vosotros, que me aguantáis a diario lo que no está pagado y os merecéis lo mejor en esta vida; a ti, al que echo de menos y de más al mismo tiempo; a vosotros, que me comprendéis a pesar de mis locuras, de mis innumerables rarezas; a ti, mi mayor regalo y mayor suerte en esta vida; a ti, al que tendría que inventar si no existiera, el que más sonrisas me ha sacado en los últimos tiempos; a vosotros, enanos, los mejores no hermanos que una puede tener; a vosotros, que sin hacer ruido nunca faltáis en mi día a día…


… os deseo, muy sinceramente, que paséis unas bonitas fiestas, que nunca os falte la sonrisa no sólo en la cara, que seáis felices porque, de una u otra forma, ahora o en algún momento de mi vida, me habéis hecho feliz a mí. Que el 2013 sea el primer año de una gran época.

Gracias por haberme dejado compartir con vosotros 365 días más.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

The 12th man.


¿Te acuerdas? Éramos felices. Todo nos salía bien, incluida la suerte estaba de nuestra parte. En total, trece. Los once del verde nunca jugaron solos. ¿Recuerdas esa mañana de mayo? Todo se teñía de un rojiblanco radiante. Los niños no eran de Messi, eran de otro bajito, de uno de la Txantrea. Estábamos muy cerca de cumplir ese sueño que muchos hemos tenido desde pequeños. Y se nos fue. De un plumazo. Como un golpe seco. Y dos semanas después, se nos fue otro. Más esperado, quizás, pero igualmente doloroso. Bucarest, Madrid. Algo empezaba a cambiar. Algo se resquebrajada por dentro. Ya no había tanta suerte, el apoyo se dudaba. El héroe del chándal gris ya no estaba tan maravillosamente loco. Se pedía su marcha.


Sabíamos, y quien no lo reconocía era porque no quería, que esta temporada iba a ser dura. Dos golpes, dos bofetadas de tal calibre, harían mella en un equipo tan joven.

Empezábamos mal. Problemas internos. La familia no era tan perfecta como creíamos. Ya sabemos que la cosa cambia de puertas para adentro.

Y echó a rodar el balón. Y aquellos once que hicieron historia en el Teatro de los Sueños no se encontraban. Nadie sabía dónde había quedado esa magia de la que habíamos disfrutado meses atrás. Tampoco había alegría ni en sus caras ni en el campo. Marcelo ¿qué les está pasando?

Llegó noviembre y el equipo quedaba eliminado, a falta de seis puntos por disputarse, de la competición que nos había hecho no grandes, sino enormes, meses atrás.

En Liga tampoco la situación era boyante. Machacados por el Barça, vapuleados por el R. Madrid… Seguro que Falcao se quedó con ganas de más.

Hasta hoy. El doce del doce del doce no nos trajo suerte. Pero la suerte, como en los exámenes, no se tiene si no se ha estudiado, si no se pone empeño, si no se quiere conseguir de verdad el objetivo.


Y ahora, ¿qué?

Diciembre y sólo nos queda una competición. De aquí no nos pueden echar hasta junio. El que no se consuela es porque no quiere, dicen.

Queda levantar la cabeza, mirar al frente y enfrentarse a los problemas (llámese diecinueve equipos dispuestos a echarnos al infierno). Pero no sólo ellos, también nosotros. Prometámoslo. Que los once no jueguen solos.

martes, 11 de diciembre de 2012

Sé tú tu propio cambio.


|Siéntate un momento. Párate a pensar. ¿Lo que quieres es lo que tienes? Calla, no pienses en materialismos. ¿Eres como debes, como quieres o sólo como sabes? Deja de quejarte. Sal a la calle y cambia lo que no te gusta. Quédate en casa. Cambia lo que no te gusta de ti. Pasa el tiempo y no has llegado a nada de esa vida que idealizaste aquel día jugando a ser mayor. Deja de lamentarte por aquello que no consigues y piensa el por qué de ello. Y cámbialo. Quizás el primer paso sea complicado. Pero no tengas miedo. Siempre te espera algo mejor. Aunque cierres una puerta, después te encontrarás con un ventanal enorme con vistas al mar. Sé positivo. Confía en ti. Y, sobre todo, quiérete.|


PD. No cierres la puerta por dentro con llave. Por favor. Prometo volver e invitarte a ver el mar. Será más bonito, si cabe, si lo vemos juntos. 



jueves, 29 de noviembre de 2012

¿Nos presentamos? Parte II


No soy maniática pero no puedo salir de casa sin el DNI y sin el brillo de labios. Tengo debilidad por mi primo Miguel. Nací un martes lluvioso. Me relaja mirar por la ventana. Puedo tirarme las horas muertas hablando por teléfono. Me encantaría ir a Nueva York y echarme una foto en las pirámides de Egipto. Pasear en góndola. Una cena romántica en París. Y que me despierten con el desayuno en la cama. Extremoduro no falta en mis días de bajón. Ni Manolo García. Siempre echo en la maleta la camiseta del Athletic. Odio quedarme sin agua caliente mientras me ducho. Y no poder quedarme dormida por las noches. Duermo sin pijama. E incluso con la ventana abierta en invierno. No me gusta que alguien lea antes que yo un periódico que yo he comprado. Ni ver una película con alguien que ya la ha visto. Soy demasiado conformista. Y me fastidia serlo. Tengo una ikurriña guardada en mi armario. Y una piedra de plástico como amuleto. No pronuncio la 'r'. Ya no es complejo. Me encanta conducir. Tengo un Corsa. Pisar el acelerador creyendo que voy a salir a volar. Las noches que juramos no dormirnos. Echar un día de campo con mis amigos. Me encantan las duchas recién levantada. El agua ardiendo sobre mis hombros. Que me besen en el cuello. Y un “te echo de menos” sincero. En una mirada fijamente con extraños siempre ganaré yo. No me retes. Puedo pasarme una semana entera comiendo ensalada. Me gustan las gafas de pasta. Pero agradezco no tener que llevarlas. Soy inmadura cuando quiero y madura cuando debo. Uno de mis vicios es el pan con tomate del Mercadona. No me gusta el tabaco. Sabe mal. Ni la coliflor. Pierdo más tiempo del que aprovecho. Pero me considero productiva. Últimamente no paso mi mejor época, pero preveo cambios en un futuro a corto plazo. Me encantaría pasar toda una noche en la playa. El sol me da energía y la lluvia, a veces, subidón. Me encanta cantar. Y creía que me daba vergüenza hacerlo en público. El siete de mayo siempre estará marcado en mi calendario. Si quieres algo, házmelo saber. No pillo las indirectas. El 2009 fue un gran año. Siempre echo la leche antes que el cola-cao. Me encanta el norte. Córdoba. Belén Esteban me parece odiosa. Y Rajoy. Admiro a Marcelo Bielsa. Y a todo aquel que pelea por cambiar lo injusto. Tengo un orden a la hora de abrir páginas de internet. Soy adicta a las redes sociales. En mi reproductor salta todo tipo de música. Pero nunca falta Adolfo Cabrales. Agradezco muchas de mis alegrías a don Bosco. Me encanta que me llamen sin yo esperarlo. Sueño con celebrar un título del Athletic. Y ser socia algún día. Creo que la felicidad está en los detalles más insignificantes a primera vista. Lloré con UP. Y con el nacimiento de mi prima. Mucho de lo que soy se lo debo a mi hermano. Y a mis padres. No puedo pasar un día sin lavarme el pelo. Me encanta la comida china. Y la italiana. Roma como ciudad para volver a visitar. Echo de menos a gente que hace poco no conocía. Y a mi tía María. Sólo rezo cuando lo necesito. Pero no me cuesta hacerlo para dar gracias. Mi vida no está en Pozoblanco. Pero no sé ni dónde estaré en unos meses. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas…

lunes, 26 de noviembre de 2012

De las dudas infinitas.


Frente a una taza de café caliente escuchaba atenta a su amiga. Aquella con la que siempre había tenido un feeling especial, aquella con la que compartía más de un secreto y una anécdota. Sus vidas, sin quererlo ni saberlo, habían trascurrido paralelas. Como si alguien desde arriba las hubiese hecho con un mismo molde, puesto en el mismo lugar y con el mismo mecanismo de actuación.

“Tenía miedo de perder a mi mejor amigo. Miedo a confundir amor con amistad. Quizás él sólo era con quien yo satisfacía mis deseos, mis locuras, mis noches. Quizás sólo era que yo llevaba mucho tiempo sola, sin saber lo que era el amor de pareja. O quizás no. La vida me ha demostrado que no. Mira, esta es nuestra casa. Aquí pasaremos el resto de nuestros días juntos.”

Esa historia, aunque ella ya la conocía, le hizo pensar durante un largo rato. Asentía con la cabeza a lo que su amiga le seguía contando. ‘Sí, sí, unas fotos preciosas. Gran paisaje’. Pero ella estaba lejos. Rozando, como poco, la Osa Mayor.

De nuevo, como tantas otras veces, se sentía identificada con ella. Y aunque se maldecía una y otra vez por sentirlo, las dudas la machacaban. Le rompían los esquemas, las ideas, la claridad ausente en su mente.

Por suerte, sólo duraba unos instantes. Todo volvía a la normalidad cuando se daba cuenta de que ella tenía lo más valioso del mundo, una de las mayores pruebas de amor de la vida: una amistad sincera, irrompible, auténtica y que estaba por encima de cualquiera cosa con la etiqueta ‘pareja’. Y si algo tenía claro, es que no cambiaba lo que había por lo que podría haber.



Y yo, frente a ellas, y casi dentro de la mente de cada una, las envidiaba. No todas las personas tienen la suerte de encontrar a una persona perfecta dentro de la imperfección que nos caracteriza. Y, mucho menos, encontrar el amor y la amistad en su máxima exponencia.  

martes, 20 de noviembre de 2012

La extraña pareja


Se conocieron hace unos 15 años. Él lo dejó todo, abandonó a su familia y amigos y emprendió la gran aventura. Fueron despacio, como los enamorados que no quieren estropear la relación con un polvo la primera noche. Y el camino, como la gran mayoría en esta vida, no fue fácil. Encontraron piedras, baches, badenes, incluso la oportunidad de separarse. Pero aguantaron, se sobrepusieron a las adversidades y continuaron juntos. Pero a todo cerdo le llega su san Martín, a toda pareja le llega el 15 de febrero.

Años después, y con todo lo que habían superado e incluso disfrutado juntos, han decidido separarse. No habrá buenas caras, no habrá un ‘Te deseo lo mejor’.

Nunca quisieron pensar que esto tenía un final, pero lo tenía. Y les llegó, tan sigiloso como ruidoso, tan inesperado como esperado.

Fueron progresando poco a poco, como los novios que empiezan dándose tímidamente la mano. Y hasta aquí, donde esos novios se tiran los trastos a la cabeza y las verdades a la cara. Pero sin novios, y sin trastos.

Les une un contrato, matrimonio que lo llaman en la calle. Pero en unos meses cada uno podrá tirar por su lado. Les conceden el divorcio. Uno está rehaciendo ya su vida, el otro podrá irse con otra más guapa, más rica y con más don de gentes. Aunque nadie le ha asegurado que lo vayan a querer más.

Los amigos, aunque no deberían, han tomado parte en el asunto. Y la relación, el amor que les unía, los motivos por los que fueron tan felices, están quedando en segundo plano. Dándose más importancia a cada una de las partes que a ese bonito nexo que les une.

La relación agoniza. La guerra ha estallado. El amor que siempre se ha defendido entre ellos se pone en duda a cada paso que dan. Se tambalean en la cuerda floja.

Siete meses a lo sumo. Con suerte para la extraña pareja, quizás sólo sean dos. Sea lo que sea, y por el bien de la familia, ojalá acabe pronto.

Suerte, Fernando. Y ¡Aupa Athletic!